Innovar sin rumbo: Cuando lo nuevo no significa mejor

Últimamente, la palabra «innovación» me está dando muchas vueltas. ¿Qué es innovar? ¿En
qué pensamos cuando nos hablan de innovación? Más sobre Innovar sin rumbo:


Tristemente, me he encontrado con que muchas empresas están relacionando la innovación
exclusivamente con el desarrollo tecnológico. Y sí, el desarrollo tecnológico puede ser
innovación. Pero la innovación no siempre es tecnología. La innovación puede surgir de
muchas fuentes. Su etimología nos remite a «crear algo nuevo», y algo nuevo puede ser
simplemente darle un uso diferente a algo que ya existe. No siempre tenemos que quebrarnos
el coco. Muchas veces, la innovación más valiosa y sostenible nace de pequeños giros en
nuestro día a día.


Volviendo al desarrollo tecnológico, y viéndolo más a profundidad: ¿qué necesitamos que
suceda antes, para que el desarrollo sea de verdad desarrollo, y no simplemente jugar con un
par de bits y códigos? Para mí, la cuestión se basa en tres pilares: estrategia, personas y
procesos.


Lo que he visto últimamente es que muchas empresas se lanzan a implementar nuevas
tecnologías en donde no caben. Simplemente porque algo es nuevo, no significa que sea útil.

Tampoco significa que sea lo que la empresa necesita. Peor aún, a veces implementar
«innovación» sin analizarla de verdad, le puede costar el corazón a la empresa: en costos, en
recursos o incluso en cambios repentinos que todavía no estaban llamados a hacer.

A veces, incluso, pequeños cambios pueden crear un efecto mariposa. El otro día estaba
creando un nuevo concepto de E-Commerce para una empresa de ventas al por mayor. Dentro
del concepto, se incluyó el famoso punto verde que indica que un producto está disponible para
la compra.

¿La sorpresa? Ese sistema no era compatible con el sistema de inventario, ni con el sistema de
envíos. Conclusión: ese puntico verde nos iba a costar unos cuantos cientos de miles de euros,
porque implicaba renovar todos los sistemas. Menos mal lo vimos a tiempo, antes de
implementar. Sin embargo, eso era algo que debió haberse visto mucho antes de crear diseños
y prototipos. La evaluación de los sistemas debe suceder antes de la creación del concepto. No
al revés. Primero se analiza qué hay, luego se define hacia dónde se quiere ir. Y solo entonces,
se evalúan las implicaciones. A partir de ahí, ya puede darse rienda suelta a la creatividad.

Es encontrar el balance entre el lado creativo y lo que tiene sentido tanto para el equipo como
para el negocio. Cualquier otra cosa es ir como una oveja descarriada.

Otro buen ejemplo: una empresa creó un nuevo chatbot. Y luego, cuando ya estaba online, se
dieron cuenta de que no sabían de dónde el chatbot iba a responder. No había una base de
datos. No sabían cómo entrenarlo. Porque la información no existía. Ahí pidieron auxilio. Luego
de una inversión grande.

Conozco muchas otras empresas que implementan nuevos sistemas y luego descubren que no
es lo que necesitan. Con las páginas web también pasa muchísimo. Ponerse a crear la web «a

ver qué sale» y luego lo que sale no representa a la marca, ni es lo que la empresa necesita.
Veo muchos equipos desgastados, trabajando más de la cuenta en lo que no se necesita.
Porque no se dieron a la tarea de explorar antes si es lo que cabe en su estrategia actual.

Porque uno de los tres pilares no puede sostenerlo.

¿En qué consisten entonces los tres pilares?
Estrategia:
Saber por qué se hace lo que se hace. Cuál es el propósito de esa acción, de esa
tecnología. Cuál es el impacto deseado.
Personas: Quién lo va a usar. Quién lo necesita. Quién lo sostiene. Sin personas preparadas y
alineadas, ninguna herramienta sirve.
Procesos: Qué camino sigue. Cómo se integra. Cómo se transforma sin romper lo que ya
funciona.

Cuando uno de estos tres pilares falla, la «innovación» se tambalea. Y en lugar de avanzar, la
empresa se pierde entre intenciones y presupuestos mal invertidos.
La verdadera innovación no es correr a usar lo nuevo. Es detenerse, observar, comprender, y
luego crear con sentido.

Cuando trabajo con mis clientes, empezamos por estos tres pilares. Mapeamos juntos el punto
de partida, identificamos qué se necesita (y qué no), y definimos el camino más coherente con
su modelo de negocio, su equipo y su momento. No se trata de llenar de herramientas, se trata
de dar sentido a las que ya existen y de construir sobre una base sólida.

La verdadera innovación no es correr a usar lo nuevo. Es detenerse, observar, comprender, y
luego crear con sentido.

Si sientes que tu negocio está avanzando sin claridad, o que tu web o plataforma digital no está
alineada con lo que tu marca necesita, estaré encantada de conversar contigo y así te explicará más sobre Innovar sin rumbo.

Esperemos que te haya gustado el artículo Innovar sin rumbo en Emigrar y Emprender.

Puedes encontrar sobre ella en https://directorio.emigraryemprender.com/anuncio/Susana-Spyrka

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